No quiero escribir, me meto a blogger solo a leer, no quiero buscar comida pero me muero de hambre. Tengo un monton de cosas que contar pero no quiero por que escribir me cansa. No tengo mi laptop ni mi celular ni nada y mañana voy a Isabella durante 10 días =)
Marruecos [INTRO]
Primero mis disculpas, pero no hay acentos en esta compu, no es mia y no me voy a poner a traquetiar con ella.
Pues hablemos de Marruecos, luego de un par de semanas de perenigraje soy una persona distinta, naaa sigo siendo la misma pirulila.
Bueno hablemos de como es halla, primero en el norte hace un frio cabron y en el sur un calor que me hace sentir frio a Puerto Rico, por que en serio se pasaba de caluroso. Resumiendo, halla hablan frances y arabe, como aqui el ingles y el espanol, la lengua oficial es frances, todo esta escrito en frances, pero TODOS hablan arabe aparte de frances, espanol, ingles, italiano y mil lenguas mas, por que esos marroquies saben de TODO!
La gente aqui se queja de ser explotados para trabajar, pero esa gente trabaja toooda una semana en una fabrica limando piedras, o pintando barro o maniobrando con arcilla y le pagan 50 miseros dirhams A LA SEMANA para que SOBREVIVAN y eso equivale a como 6 pesos, osea, un mojon de pajaro. Las condiciones que vive esa gente no las aguantaria ni un tecato, bueno claro hablo de la mayoria de la poblacion del sur, que es super pobre y viven en casas de barro y paja. Hay una parte donde los nenes comen galletas de barro para enganar el hambre, imaginense los mojones, fo. Ademas los nenes estan entrenaos completamente en todos los idiomas que puedo reconocer a pedir dinero, un dirham, te dicen ajajjajajaa y nunca fallan con que idioma decirtelo, si pasan ingleses, franceses, alemanes, italianos, no se equivocan.
En las ciudades del norte la gente NOPARA, ni guiando ni caminando, realmente. Cuando chocan, que vi un par de choques, chequean el carro y si no es grave PICHEAN!!
Todo lo que comen me da asco, todo va junto en un tajine [un pato con tapa triangular hecho en barro, arcilla o ceramicas creo yo] y de ahi comen como10 pesonas, y eso me daba mas asco, comen corderos, terneras, pollos amarillos y gordos, verduras y cuscus que no sabe a na. Las frutas son gordas y frescas y ricas. Los refrescos saben mejor, por que tienen una filosofia de hacerlo todo natural entonces no son con sirop y saben mejor, por lo menos la fanta y el sprite son ufff ricas ricas, en espana que estuve dos dias, fo saben a algo wakala y la fanta de china es amarilla.
Haya las mujeres no valen na [musulmanes alfin] en las discos o bares o cafes son todas PUTAS y se visten como aqui para ir para el cine, osea decente aqui alla es puta sin exagerar. De hecho hay un mercado de mujeres bereber [como aqui los tainos, esos son los nativos] que las cambian por oro plata y dromedarios, por que no hay camellos [los dromedarios son camellos de una joroba] y asi salen de las esposas viejas y las hijas y las chillas.
Bueno me canse de escribir, luego pongo fotos y hago cuentos.
Coquíes
Antes de ayer, el calor era IMPRESIONANTE por lo que decidí que tenia que quedarme a dormir en el cuarto de papi que se había ido con la novia y tiene aire acondicionado. Hace aproximadamente como 5 años que no duermo ahí así que era como un mundo nuevo para mi. Me dormí tranquilita a las 2am mas o menos entonces como a las 7:12am empieza un coquí hijoeputa a cantar BIEN DURO. Me levante con un sueño brutal a tratar de buscarlo y lo encontré, busque servilletas y unos palitos de mantecado para botarlo o matarlo. Resulta que ese coquí estaba muerto ya, estaba petrificado. Entonces de donde carajo salía el cabrón ruido ese? Luego de una búsqueda de quizás media hora... descubrí que era la alarma de papi = /
Aparte quería contar que en una clase de ingles un muchacho que obviamente no era puertorriqueños pregunto que cual pajarito era ese que cantaba "coquí coquí" en las noches.
Caluroso Verano
Este verano al parecer el calor está tan hijo e puta que por segunda vez mi celular se ha dado un chapuzón dejandomé desconectada.
Primer Chapuzón: En mi examen de Pre-Calculo [en el que saqué A por cierto wujuu], pues como estaba enferma y tenía frío mi novio me prestó su jacket [o se lo confizqué, qué es lo mismo no?] entonces cuando me dieron las ganas de mear, antes de tirar de la cadena... ví como burbujitas de aire salían de mi celular... llenándose de meao mío. Todo fue culpa del maldito jacket... que como me quedaba grande pues las cosas se me caían. Luego como por si fuera poco, lo metí al lavamano pa que no apestara a orina.
Segundo Chapunzón: Pues luego de unos días mi celular revivió, gracias a los poderes satánicos de mi hermanito. Entonces un buen día fui a casa de mi madrastra y pensé haber dejado el celular en el carro. Luego al regresar, lo veo sumergido en la cuneta entre aguas sucias, llenas de hojitas amarillas.
En conclusión, está cabrón el calor, que aparentemente también daño mi laptop... en teoría, por que sigo pensando que fue mi hermanito. Además de que tengo un celular puerco que le gustan las aguas apestosas.
La Venganza es... Salada?
Bueno pues como ya todos se supone que sepan... Me metieron un par de beses los de'os por el culo en contra de mi voluntad [además del huevo, pero eso es aparte]. Un buen día, pensé, me iba a vengar, pero sádicamente. Pues el día llegó, la última semana de clases, decidimos hacer Pablo y yo un trip a la numero uno y quedarnos unas 8 horas en el Motel Bambú, gran mierda por cierto, mejor vallansé a Villa Arcoiris. Durante nuestra placentera estadía le pedí a Pablo que a cambio del hacerme un hickie que parecía que me habían dado un puño, en la teta, pues que yo quería hacerle dos, en donde nadie los viera... y esas son las nalgas. Mientrás él estaba siendo chupado, sigilosamente decidí pasar mi lengua entre sus nalgas. Como conclusión un sabor digamos salado, un sudor espeso, cobijo mi lengua, aunque nunca supe hasta que punto llegué ni tampoco sentí algún agujero, qué era lo que yo esperaba.
Debido a que no llegué a dónde esperaba, luego de cultivar cierta confianza en cuanto a la zona prohibida de los hombres, decidí atacar inesperadamente. Estabamos semi-desnudos sentados en el borde de mi cama, con las piernas entrecruzadas en las del otro. Pablo se hecho hacia atrás, y el peso de su cuerpo le hacía difícil poder enderezarce. Era el momento preciso de atacar. Entonces, le manosee las bolas un rato, mientrás lo hacía creer que lo complacería, seguí bajando, averiguando que había por esos alrededores. Entonces encontré un agujerito, y mi dedo se introdujo al estilo pim pum pam un par de veces, mientrás él intentaba evitarlo, pero ya era muy tarde...
Octava y Última Parte
Cuando cumplí mis 43 años comenzaron a notarse algunos síntomas de mi enfermedad, ya llevaba 2 años viviendo con Miguel y él estaba destrozado, se sentía culpable por haberme “contagiado” y además de que su SIDA estaba en una etapa bastante avanzada. Me sorprendía mucho que yo apenas tuviera leves dolores de cabezas y un poco de fatiga generalmente. Un día Miguel se quejaba mucho de dolores en los huesos tras estar casi un mes con fiebre y se estaba quedando sin aire, Andrés y yo corrimos a llevarlo al Hospital Central. Lo transfirieron al Hospital La Paz y lo internaron hasta nuevo aviso. Lo atendía una enfermera que se veía jovial, rubia, bronceada de ojos cafés, con un cuerpito aceptable. Visitaba a Miguel todos los días con tal de verla, hasta que ella se dio cuenta de mis intenciones y me esperó a mi salida para invitarme a un café.
Se llamaba Susana. Era muy coqueta y le gustaba conocer todo tipo de gente. Tenía unos 29 años, probablemente mentiras, pero se veía por alguna razón muy jovial. Nos continuamos frecuentando hasta que un día oportuno se quedó en mi casa y me acosté con ella evidentemente. Su estilo era un tanto tradicional, me besó en la boca, y yo la continué besando por el cuello y así mismo por su espalda, le mordí las nalgas y finalicé besándole la punta del coño. Ella solo disfrutaba acostada en la cama mientras yo me apoderaba de sus interiores. La mañana siguiente estaba entre sus brazos convulsando de fiebre, con diarreas, mientras tosía y sudaba excesivamente. Ella se asustó y rápidamente me llevó al hospital. Me atendieron y me internaron.
Perdí la noción del tiempo, estuve mucho tiempo entre cuatro paredes rodeada de señoras vestidas de blanco. Aproximadamente estuve dos años perdiendo el poco tiempo que me queda entre el hospital y mi casa. Solo me queda la satisfacción de las mujeres que deben estar enfermas como yo, sino han muerto, un gato sin cola que apenas respira, mi piso en el Paseo de la Habana 103, mis dos amigos, a quienes les destrocé la vida, un espacio en el infierno y unos meses dónde viviré peor que un perro que vive recolectando comida que encuentre en los basureros de un restaurant barato.
Séptima Parte
Cambié de gimnasio, y entonces conocí a Miguel. Era todo lo opuesto a Andrés, que era un hombre sensible y ejemplar, Miguel era un treintañero que se dedicaba a enamorar mujeres ricas, era en otras palabras un puto. Me contaba que su mujer de 50 años estaba encantada con él, que lo obliga a ir al gimnasio como única condición para poder exprimir su cuenta de banco, que él se lo paga en las noches, dejándola contenta. Ella era una empresaria exitosa y de mala pinta. Miguel me confesó su bisexualidad luego de un par de copas que tomamos una noche, fue ese día que decidí deshacerme de la empresaria indirectamente, pues nadie negociaría con una enferma de VIH. Le dije a Miguel que tenía curiosidad por intimar con un hombre y muy gustosamente accedió a quedarnos esa noche en un hotel. No estaba seguro si él iba a querer meterme cosas por el culo o no, pero en ese momento no me importó, ya para algo había invertido en varias copas. Prácticamente me destrozó la ropa y me obligó a doblarme en una silla mientras era despojado de mi dignidad de hombre. El dolor fue insoportable, pero a la vez tenía su gustito, aunque como quiera, no pretendía dejar las cosas así, me tocaba a mí. Miguel gustosamente se recostó de la cama mientras yo exploraba el sexo homosexual, se sentía completamente igual a María con la excepción de que lo sonidos eran un poco incómodos al ser obviamente masculinos. Luego de unos meses Miguel me contó que contrajo VIH que me revisara que lo sentía muchísimo y que no se explicaba cómo pasó, y que además estaba solo y sin un centavo. Al ser un hombre inocente, aunque un poco afeminado, lo recibí en mi casa, y me revisé falsamente y le dije que yo estaba completamente bien. Sentí cargo de conciencia, pero nada que me perturbara en el diario vivir.
Sexta Parte
Ya me hacía viejo estaba por cumplir los 40 años y cada vez mi pelo se tornaba más blanco y se hacía menos espeso, tenía que hacer algo contra el tiempo, pronto me empezaría a enfermar y solo llevaba 4 mujeres infectadas. Para mantenerme saludable me inscribí en un gimnasio y ahí conocí a la quinta víctima, María. Era una mujer corpulenta, joven de unos 27 años, un poco baja, con el pelo negro y rizado, ojos azules, unos labios redondos y jugosos que siempre llevaba pintados de color carne. Me ayudaba en mis rutinas y era fanática de la salud y todo lo que involucrara estar saludable. Intentaba siempre de impresionarla, pero todo le era indiferente. La invitaba constantemente a salir a buenos restaurantes, a mi casa, a algún lugar cercano, a dónde ella quisiera, y nunca quería. Investigué más a fondo y era soltera, nunca se había casado y no parecía estar con nadie. De todas formas ella continuaba con nuestra amistad. Hablábamos seguido y llegué a ser su confidente, ya que le había mentido diciéndole que no me interesaba ella como mujer y ella entonces bajó la guardia. Solíamos ir al cine, al teatro, a veces a comer y ya poco después de un año desde que deje de insistirle la invité en su cumpleaños de 28 primaveras al restaurante más lujoso, el Jockey, que había reservado con más de un año de antelación pues supe que era una mujer que se daba demasiado puesto. Quedó asombrada pues es casi imposible reservar y todavía más el poder pagar la cuenta. La comida era todo un mito, que también me costó lo que pago para pagar la casa, pero enfrente de ella quedé como quien se da el lujo sin que le cueste. Mi propósito era que se sintiera obligada a sostener relaciones conmigo, y así fue. La entré al cuarto sin el menor esfuerzo, y fue ella quien comenzó ofreciéndome masajes completamente aliviadores y provocativos. Le regresé el favor de los masajes pero utilizando la lengua, en la espalda, entre los dedos de los pies, entre las piernas y claro que en su boca, esto le gusto mucho, pero técnicamente luego me obligó a ensalivar su trasero, el ojete, con mi lengua, me repugnó completamente, así que la engañé escupiéndome dos dedos y con ellos pegados a la cara la hice creer que le lambía el final de su intestino, que por cierto olía como la cola del gato de mi mujer o peor. La curiosidad me atormentaba y quise cambiar de, digamos agujeros, tuve por primera vez en mi vida sexo anal. A ella aparentemente le gustaba más que cualquier cosa, a mí me da igual, el resultado sigue siendo el mismo, la eyaculación. Se sintió un poco más sencillo, más apretado y seco, diría que quizás un poco doloroso, pero el placer está completamente ligado al sufrimiento. A la mañana siguiente ella se despertó primero, y me trajo un merecido desayuno. María era muy activa, limpió mi casa y también hizo el almuerzo y la cena, pero a pesar de todo no la quise metida conmigo, me quitaba espacio y me estorbaba. Pasaron varios días e inventé una pelea, para que no quiera estar conmigo, y se fue. Le dije básicamente que su presencia me agotaba y a partir de ahí se ofendió y su orgullo la obligó a irse.
Quinta Parte
Durante un verano decidí cambiar mi ritmo de vida y pasearme mucho por la Azca, 3 calles de discotecas una a lado de la otra. Intentaba seducir mujeres, pero por más que trataba nunca lograba nada, quizás porque no aparentaba tener dinero, ni un buen trabajo, ni nada de esas estupideces que les gustan a las mujeres. Un día decidí invertir en mi pasatiempo de infectar mujeres. Me compré una camisa manga larga color verde que me costó quincena y media en el Corte Inglés, que claro aparentaba una posición económica mucho más alta a la mía. También le pedí a Andrés unos pantalones a la moda en esos tiempos y un costoso reloj. Estaba como estrella de cine. Esa noche conocí a Inés, una mujer que se le veía lo de interesada en el escote de su vestido color turquesa que le sentaba bien con su pelo rojizo y ojos azules. Era alta, bastante fina, muy maquillada y de buen cuerpo aunque se le veía cierta plasticidad. Le ofrecí tragos y tragos, era casi como pagarle a una prostituta, solo que finamente, a cambio de alcohol, un hombre puede cogerse a la mujer que quiera. Efectivamente, me la llevé a casa. Estaba casi muerta, no paró de tomar hasta que no pudo más y se vomitó en mi sala. Quería seguir bailando, puse música y nos fuimos desnudando poco a poco, por un momento se quedó dormida, pero le serví un café y entonces me pidió acción. Me preguntó por protección, le dije que la tenía puesta, estaba tan ebria que no se daría cuenta. La llevé a la cama y se lo introduje de la manera tradicional, sin ningún rodeo de antemano, para cuando terminé y expulsé mi esperma dentro de su cuerpo que ya se había quedado dormido. No iba a dejar que se quedara en mi casa así que la vestí y la deje durmiendo en un callejón de unas calles más arriba de la mía, probablemente no se recordaría de mí y por supuesto no la he vuelto a ver.
Cuarta Parte
Ya habían pasado casi dos años desde que supe que contraje VIH y como año y medio sin trabajar y mi dinero se agotaba. Decidí entonces volver a enseñar, además es ahí donde más vírgenes encontraría para luego cogérmelas. Mi plan no funcionó puesto que me tocaron los de secundaria. Para mi sorpresa una compañera de trabajo recién graduada se fijó en mí, predispuesta a ser mi tercera víctima. Hablábamos durante los almuerzos y en horas libres nos ayudábamos a corregir asignaciones y exámenes. Ella era muy interesante, se llamaba Fabiola, una mujer completamente promedio, era de estatura promedio, de ojos café, de pelo marrón ondulado, y un cuerpo un poco redondo, pues su debilidad eran los dulces. Ella tenía varias amigas maestras, a todas les simpaticé, a mí cada vez las mujeres me repugnaban más, me parecían completamente inútiles a no ser porque en ellas estuviera nuestra capacidad para reproducirnos. Las encontraba completamente mentirosas, envidiosas, sin escrúpulos, puercas si se les conocía a fondo, egoístas e inútiles al fin y al cabo. Pareciera que el único propósito que tienen en sus vidas es provocar y controlar, completamente prepotentes, puesto que los hombres somos automáticamente subordinados ante la seducción por alguna extraña razón. Fabiola era un poco “buena” o masculina si se le puede decir. Ella era sencilla, apartada y se sentía muy completa, pensé en arrepentirme de mis acciones, pero ella era otra más que siempre quería ser complacida. Al lapso de tres meses se acostó conmigo, fue muy sencillo, directo al grano y sin prejuicios. Me invitó a su casa, me cocinó un caldo gallego, receta de su abuela, de Galicia por supuesto. Su casa era muy moderna, con muebles de madera rojiza, sillones que combinaban con los detalles de las mesitas, sin mucha fotografía que dejase suponer que se apegaba al pasado y una cocina repleta de instrumentos. Su cuarto era un poco desorganizado, olía a cremas y perfumes viejos, no correspondían a su aroma, su cama era chiquita, pero muy cómoda si uno duerme solo, no había espacio a pesar de que no habían muchos muebles ni una cama grande, la ropa era demasiada, en el armario, en cestas, en bolsas; una camisa para cada día junto con un pantalón distinto. Ella me desnudó sin previo aviso, me tiró en la cama y se quito la ropa, me preguntó si quería la luz apagada a lo que respondí que me daba igual, entonces se me trepó encima y justo antes de sentarse sobre mi miembro y encajarse ahí, buscó debajo del colchón un profiláctico. No había calculado la posibilidad de que una mujer quiera protegerse, entonces le dije que era alérgico al látex, que me irritaba demasiado y no podríamos usarlo. Se vistió deprisa y me dijo que ella no tomaba anticonceptivos que por lo tanto no podríamos disfrutar de la velando. No dije nada, comencé a besarla y tocarla, a apretarle los pechos, frotar su clítoris, hasta que se desgarró el vestido rojo que traía puesto y me pidió que eyaculara afuera. Se sentó y brincó sobre mi pene erecto, y en cuanto sintió como me contraía una y otra vez a punto de explotar se separó y se lo metió a la boca y comenzó a chupar y jalar. Probablemente en otras circunstancias hubiera querido una vida con ella, pero ese no era el caso, no podía caer en sus juegos. Me tuve que ir pues no iba a dormir en un sillón ni en su diminuta cama. Durante el resto del año continuamos saliendo y turnándonos de casa en casa para acostarnos, pero fue cuestión de tiempo que se enterara de su enfermedad adquirida gracias a mí. Ella me dejo, sin peleas y sin exigir nada. Continuó con su vida enseñando y de vez en cuando me llamaba solo para tener relaciones, pero no recuerdo haber entablado nunca una conversación respecto al tema de la enfermedad y el tiempo de vida que le quedaba. Con el tiempo cada vez se veía menos interesada en mí hasta el punto que ya no volví a saber de ella.